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Mensaje del 20 de Septiembre de 1997 - Madre Teresa

¡Luchen por la vida! ¡Luchen por la vida! ¡Luchen, luchen! Y por cada ser que puedan salvar, piensen que los cielos y los cielos se conmueven.

Mensaje del 20 de Septiembre de 1997

Dice la Madre Teresa:

Después de tantos días en que me llevaron de un lugar a otro, y me pusieron y me sacaron, me alzaron y me sentaron, etc., por fin mi cuerpo puede descansar tranquilo. Todos esos honores ya se los pasé al Señor, ya está, ya son de Él.

Ahora bien, tengan cuidado ustedes, porque a los seres humanos se les va la mano cuando quieren agradecer a alguien y a veces tienen en sus propias narices montones de cosas que agradecer y que se les pasan por alto.

Muchos se conmueven viendo el conjunto de homenajes que me hicieron estos días. Se han conmovido hasta las lágrimas, mientras su madre en la cocina, hace la comida desde hace cincuenta años y su padre se está reventando para traer a su casa un pedazo de pan con el sudor de su frente. ¡Ojo! ¡Me están haciendo toda una veneración a mí y a vuestra madre tal vez está en la cocina masticando una frustración de que en tantísimos años sirvió a su familia y nunca nadie le ha devuelto una caricia, al igual que ese padre que ha estropeado su salud a través del tiempo y a quien nadie le dice "gracias papá"!

Empecemos a poner las cosas en claro, y que esto también forme parte de las Profecías y de los Mensajes: todas estas cosas me duelen. Yo hubiera preferido que con todo lo que gastaron en flores, homenajes y custodias para cuidar a las personalidades que fueron a ver mi cuerpo, si todo ese dinero lo hubieran juntado para los "lugares de la muerte", que les he descripto el otro día, un poquito nada más, tal vez en lugar de tantas flores y homenajes y pagar custodias hubieran usado todo ese gasto inútil para los "lugares de la muerte". O al menos, viendo que se hizo todo ese gasto inútil, hubiera preferido que se usara todo ese conjunto de cosas materiales para ayudar a los que no tienen o los que no pueden, a los que vos acostumbrás a decir: marginados, reventados, desarrapados.

Todos los poderosos de la Tierra se inclinaban ante mi cuerpo. Yo les agradezco todo eso, está muy bien y no tengo nada que decir. Se los agradezco, porque en todo caso han descubierto valores cristianos, pero ustedes ya saben lo que pienso. Yo no soy una mujer de palabras suaves y sencillas. No, mis palabras serán siempre un poco ásperas pero no por eso no están llenas de amor.

Ocurre, hermanos, que cuando se vive las veinticuatro horas en contacto con la muerte no se puede pensar en otra cosa, ni hablar de otra cosa, ni quemar la vida en otra cosa. Tengan bien en cuenta todo eso, ténganlo muy bien en cuenta. Porque he visto que en algunos ámbitos vos no tenés otro tema para hablar que de enfermos o hablar de esto, de lo que pasa todos los días y a algunos les cae medio pesado. ¡Es que es el tema principal de tu vida, arrebatarle a la muerte los cuerpos enfermos y muchas veces de las manos de los médicos también! Dios bendiga a los médicos, pero ¡hay tantos que deberían huir al desierto a purgar toda su vida por todas las macanas que hicieron!

Como ven, no soy muy suave para hablar ni tampoco tengo palabras tan dulces para decir, es muy simple, ¡es muy simple! Yo siempre he vivido apurada, he vivido impaciente, he vivido de una forma que a muchos les ha molestado, a veces incluso hasta a mis mismas hermanas. Ocurre que no tenía tiempo, nunca tuve tiempo para hacer lo que quería y para demostrárselos, desde que los visito a ustedes vengo siempre con los pies sucios de tierra. Eso es para demostrarles a ustedes, como les dije el otro día, que se debe tener un poco menos de higiene exterior y un poco más de higiene interior. Porque al fin y al cabo a nadie le va a preocupar demasiado unos pies sucios, pero sí a muchos puede preocuparles seriamente que las cosas en su interior no estén en el suficiente orden en que deberían estar.

¡Hermanos de aquí, de allá y de más allá, de todo el mundo, yo me he sumado también a Jesús y María en esta Cruzada del Espíritu Santo para el tercer Milenio! Y lo hago a través de estos Mensajes y Profecías que se van a publicar y que serán cientos de miles y recorrerán de punta a punta el planeta. Eso no quiere decir que le vayan a llevar mucho el apunte, pero al menos estarán avisados.

Ahora bien, no crean que el Tercer Milenio va a ser favorecido por las obras de los hombres. No, va a estar súper favorecido por la Gran Misericordia del Señor. Porque Él se ha propuesto, en forma vehemente y hasta compulsiva, remediar un montón de males ¿Eso quiere decir que el mal desaparecerá de la Tierra? ¡En absoluto! Porque el hombre sigue teniendo su libertad y va a seguir procediendo de acuerdo a ella, pero muchas cosas van a cambiar. Ténganlo en cuenta, muchas cosas van a cambiar. Y aquellos que se bañan dos veces al día para estar más higiénicos, ténganlo en cuenta y no pierdan tanto tiempo en lavar sus partes exteriores sino laven un poco sus partes interiores.

Se los traduzco: eso quiere decir que dejen de poner el pie sobre la cabeza de vuestros hermanos, que desde hace Siglos lo están haciendo y de generación en generación lo siguen haciendo. ¡Basta, hermanos, de poner el pie sobre la cabeza del hermano! ¡Saquen el pie para que puedan vivir, decir su palabra, hacer su nido y criar a sus hijos sin que nadie les esté planificando la vida, ni su futuro ni nada por el estilo!

¡Menos meterse en el baño, hermanos, para limpiarse vuestra piel exterior y más de abrir vuestro corazón y vuestra mente para recibir la higiene de Dios, que es el amor que no tiene medidas, para que todo ese interior se ablande y se ablande en serio, para que las cosas empiecen a funcionar de otra manera!

Yo no tengo otra forma de hablar, no tengo otra forma de decir, no tengo otra forma de opinar. Yo soy una persona muy apurada, eso ya lo han visto, siempre estoy muy apurada y bien dijo alguien que estoy un poco incómoda al lado del Padre porque aquí no hay pobres ¡Bien lo dijeron, muy bien lo dijeron! Pero tengan cuidado, que estando aquí, cerca del Padre, puedo hacer mucho también de lo que hacía siendo una simple monjita, que vos te empeñás en ver muy petisa.

¡Los amo mucho! ¡Los quiero mucho! Y porque los amo estoy acá, sino no vendría, pierdan cuidado. No voy a ir a ningún lado en donde no me quieran y donde me sienta incómoda. Aquí me siento sumamente cómoda, aquí me siento muy bien, ¡sumamente bien! Por eso seguiré viniendo y diciendo un montón de cosas. No voy a ocupar el lugar de María para decir las cosas, no, por supuesto que no, pero como soy nuevita en este lugar Ella me deja opinar mucho.

¡Luchen por la vida! ¡Luchen por la vida! ¡Luchen, luchen! Y por cada ser que puedan salvar, piensen que los cielos y los cielos se conmueven. ¡Los amo con todo mi corazón y los estrecho contra mí con toda mi aspereza y mi fuerza!

Amén.

Fundación Jesús de la Misericordia y Corazón Inmaculado de María  |  Aprobada por Res. 139 A - Gob.de Córdoba – Sec. De Justicia – Dir.de Ins.de Pers.Jur.  |  Dirección: 9 de Julio 1162  |  Teléfono: 03537 – 431197 - 2553  |  Justiniano Posse – (Cba.)

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