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Revelaciones

REVELACIONES

Este libro fue editado en forma personal por Don Artemio Félix Amero en Abril de 2001.

INTRODUCCIÓN

Desde el año noventa y seis y en forma ininterrumpida viene repitiéndose en Justiniano Posse, un pequeño poblado de la pampa gringa, en provincia de Córdoba, República Argentina, las apariciones de Jesús, la Virgen María y los Santos.

Por lo general, estas apariciones se suceden dos o tres veces por semana y en cada una de ellas Jesús y/o algunos de los Santos dejan sus Mensajes y Profecías. Quien recibe las mismas, a través de locuciones íntimas, es Artemio F. Amero, un profesor de Filosofía y Pedagogía ya retirado de su actividad docente, quien según palabras de Jesús ha sido escogido para esta tarea... "no por su sabiduría, que es mucha, sino por su corazón, que es enorme"...

Es bien sabido que a través de los siglos, tanto Jesús como María han aparecido en distintos lugares del mundo ante diversas personas para llevar Su palabra y lo han hecho usando diferentes vestiduras y numerosas advocaciones. En las apariciones de Justiniano Posse, Jesús se ha presentado de diversas maneras, pero las formas en que se manifiesta con mayor frecuencia son como Jesús de la Misericordia o vestido con ropas actuales o con una simple túnica. En el caso de María, aunque en algunas ocasiones se ha revelado como Nuestra Señora de Fátima, María Rosa Mística o Nuestra Señora de Lourdes, la advocación que Ella ha escogido para este lugar es Nuestra Señora de los Dolores Inmaculada Esposa del Espíritu Santo o Nuestra Señora de Justiniano Posse. Esta advocación, si bien existe desde hace mucho tiempo, diferente de la de la Madre Dolorosa por todos conocida, vestida de negro, en que su vestimenta es clara y tiene un significado especial. Los Santos que aparecen con más frecuencia son la Madre Teresa, San
Marín de Porres, el Padre Pío, Santa Faustina y San Artemio, entre otros.

Son numerosos los testigos que pueden corroborar estas apariciones y mensajes y dar testimonio de todo lo que sucede en este lugar. Entre ellos se encuentran los miembros del Grupo de Oración que se reúne para esperar el mensaje de Jesús y de Su Madre y cientos de personas de distintos lugares del país y del mundo que han recibido la Gracia de Dios bajo la forma de un milagro.

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de estos mensajes? Jesús y Su Madre han dividido las profecías en tres partes. La primera parte abarca desde el año noventa y seis hasta principios del año noventa y siete, y han sido denominada por Ellos el Qué. En esta parte, los mensajes apuntan principalmente a describir qué está pasando en el mundo en vísperas del Tercer Milenio. La Segunda parte, que comprende desde la finalización de la primera parte hasta principios del año noventa y ocho, es llamada el CÓMO, y se refiere a la forma de remediar los males del hombre de este siglo. La Tercera, que continúa hasta el momento, es el PARA Qué, y en ella los mensajes tratan acerca de los frutos que producirán en la vida de la humanidad todas las acciones emprendidas para enmendar los problemas y las injusticias actuales y del pasado.

La idea principal de los Mensajes es comunicar a la humanidad que estamos en la Era de la Misericordia, y que sólo a través de Ella el mundo adquirirá un nuevo sentido.

¿Qué significado tiene esto en la vida de los hombres? Significa que la redención es posible, que el perdón está al alcance de las manos de todos los hombres del mundo, que aún hasta los pecados más terribles, si son acompañados por un corazón sincero, son ínfimos ante la mirada misericordiosa del Señor.

Jesús se presenta en las Profecías como un hombre, en su doble dimensión. Por un lado, Su naturaleza humana le permite comprender hasta el más aberrante de los crímenes, hasta el más terrible de los pecados de los hombres, y por lo tanto, la naturaleza divina del Hijo de Dios, el Dios vivo, se manifiesta en Su gran Misericordia bajo la forma de un torrente caudaloso de AMOR que quiere inundar el corazón de la humanidad.

Ha dicho Jesús:... "Entre Mi Padre, que es la Ley, y el hombre, estoy Yo, que soy la Misericordia, dispuesto a perdonarlo todo, a comprenderlo todo, a olvidarlo todo, a soportarlo todo"... Esta expresión cambia por completo la idea tradicional de un Dios justiciero, de un Dios castigador, de un Dios que condena los pecados de sus hijos con terribles males y catástrofes.

¡Jesús quiere entrar en el corazón de los hombres! Él desea que los hombres sepan que los ama como nadie jamás podrá hacerlo y que en nombre de ese AMOR, que es inmensa Misericordia, El está dispuesto a perdonar, a olvidar, a comprender.

A lo largo del tiempo, muchos mensajes han sido interpretados como presagios agoreros de males y terribles catástrofes que ocurrirían a la humanidad como castigo y venganza por los pecados cometidos. La Santísima Virgen, en su mensaje del día trece de mayo de mil novecientos noventa y nueve, bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima dice:... "Muchos creyeron que se estaban preparando, de parte del Señor, cosas terribles para castigar a los hombres por sus grandes desvíos y pecados. Pero olvidaron que mi hijo es el Señor de la Misericordia, y que no estamos todavía en los tiempos en que El vendrá con gran poder y gloria para llamar a todos al juicio. Mientras tanto, sigue en forma permanente lo prometido por Mi Hijo: estamos en la Era de la Misericordia, y la salvación personal y colectiva está al alcance de todos"...
¿Pueden, por lo tanto, ser tomadas estas profecías como anticipo de terribles males? ¿Pueden considerarse un llamado de atención? ¡No! ¡Son mensajes de amor! ¡Son mensajes de esperanza!¡Son mensajes que pretenden llenar de AMOR, CARIDAD, JUSTICIA y COMPRENSIÓN a esta humanidad doliente!

Dios se presenta como un Padre amoroso que espera a sus hijos con los brazos abiertos. Él necesita de sus manos, sus mentes y sus corazones para lograr que los que menos tienen, menos saben, menos pueden o menos quieren puedan vivir en una realidad diferente.

A través de estos mensajes, Jesús y María golpean a la puerta del corazón de cada uno de los hombres del mundo. ¡Ellos quieren entrar en él y habitarlo para siempre! La única llave que lo abre está dentro de cada uno de nosotros. ¿Qué esperamos para dejarlos entrar?

Este mensaje en particular llega a cada uno de los que lo recibe por pedido expreso de Jesús. Él necesita la ayuda de todos los hombres de buena voluntad que tienen en sus manos la posibilidad y la capacidad de defender a los más pobres, en todos los sentidos.

Hoy Jesús y María están golpeando a la puerta, y lo hacen de manera especial
con todos aquellos que tienen en sus manos este mensaje.

Jesús golpea TU puerta. Se quedará esperando durante interminables noches bajo tu ventana, hasta que por fin un día le abras tu corazón... "Entonces entraré, me quedaré en él y cenaremos juntos"...

María José Rosa de Macco
(Miembro del grupo de oración)


HISTORIAS DEL AGUSTINO
ARTEMIO

"Es imposible para los hombres,
Pero todo es posible para Dios."
(Mateo, 19, 26)

Bendito sea aquel a quien la Virgen llamó ante Artemio "hijo de la luz" (la frase inicial del Agustino sonó casi enigmática). Es verdad lo que piensan pero yo me entiendo. Algunos de Uds. Sin duda recuerdan la historia que hemos conversado aquí sobre lo que acontecía en Posse, sobre la presencia de la Virgen, sobre los milagros, sobre las apariciones y los mensajes, sobre el profesor Artemio Amero. Que por otra parte se describió en varios artículos. (El Agustino no los mencionó esta vez pero son: el templo de la Virgen [Suplemento La cultura, diario EL TIEMPO, Azul, año XXII, nº 1041, 17 de mayo 1998], Apariciones y anuncios [Symbolos, Revista de Arte, Cultura, Gnosis, feb 2000, INTERNET: www. Geocities.com/symbolos/encirig.html, Encuentros con lo sagrados [Idem en Symbolos INTERNET, y asimismo en Suplemento la Cultura, diario EL TIEMPO, Azul, 16 abr 2000] y El agua de la Virgen, inédito). Hoy quiero presentar las respuestas de HVM, un reconocido especialista en estos temas que está escribiendo un libro sobre Artemio. La primera pregunta fue:

- ¿Quién es Artemio Amero? ¿Tiene alguna dote o don especial? Respondía así:
Artemio Félix Amero, un ser paranormalmente dotado, argentino, de 62 años de edad, con domicilio permanente en 9 de Julio 1162 (2553) Justiniano Posse, Provincia de Córdoba.

- ¿Puede lo suyo ser resultado de entrenamiento en alguna práctica espiritualista?

Lo suyo no es producto de disciplinas yóguicas, mentalistas, esotéricas ni de ninguna otra especie. Desde el año 1996 "ve y escucha" a determinadas personalidades del mundo espiritual: Jesús y María, su madre, son sólo dos de ellas.

- ¿Cuál es la personalidad que ha descubierto en sus conversaciones con él?
Don Artemio es un hombre modesto, franco y ajeno a todo tipo de interpretación de los fenómenos que el mismo protagoniza. Se limita a "verbalizar" lo que él ve o escucha. Sus descripciones son de una nitidez asombrosa. Hay por lo menos un testigo que "ha visto o escuchado" simultáneamente lo que él vió o escuchó.

- ¿Hay alguna evidencia de la validez, de las apariciones o profecías? ¿Las apariciones son reales? ¿hay alguna verificación científica?
Es innumerable la lista de "locuciones" y "apariciones", todas ellas documentadas, circunstanciada y metódicamente, como resultado de "desgravaciones" y transcripciones "ad Litteram", sin retoque ni autocensura.

- ¿La Virgen de Posse hace milagros?
Es considerable el número de personas que dan testimonio de haber sido curadas de algún mal por la intercesión de la Virgen María.

- ¿Qué es lo más especial o particular a su criterio de los dones de Artemio?
Sus "percepciones paranormales", de otros planos, relacionadas con personas comunes y corrientes, con las que se encuentra informalmente, son asombrosas y contradicen llamativamente lo que distintas doctrinas o postulados fideistas sostienen.

- ¿Puede describir alguna situación o actuación de Artemio fuera de lo normal?
La característica fundamental de Artemio es su modestia y su reticencia no sólo a hablar de sí mismo, sino también a interpretar lo que él mismo espontáneamente protagoniza. A primera vista, su ingenuidad en cuanto a "los hechos" es como la de un niño asombrado de lo que él mismo ve o escucha. Dos datos complementarios tal vez importen: Artemio se "biloca" sin él saberlo; esto ocurre con bastante frecuencia; los enfermos por él visitados en esos casos particulares son quienes dan fe de ello. Y el otro dato es el de sus estigmas, que él esconde siempre pudorosamente porque se rehúsa a llamar la atención sobre ese fenómeno.

- ¿Cómo es o aparece el Jesús que Artemio ve?
El Jesús que Artemio ve es "un ser humano con todas las letras: un hombre hecho y derecho". Su vestimenta varía. Raras veces coincide con las imágenes pías tradicionales. En ocasiones, con pantalón tipo jeans y camisa con cuello en V, tipo morley, y sandalias con listones de cuero, siempre muy gastados. A veces está sudoroso y con polvo del camino; otras, con el cabello húmedo por la lluvia o el rocío. El olor que su Cuerpo despide es el de los pastos al amanecer. No digo más... Tan sólo comentar esto, de lo que callo mucho, me emociona muchísimo y hasta me deja tembloroso por un buen rato. Sólo puedo añadir que, por carácter, formación y disciplina, mi virtud no es la credulidad. Me manejo sobre la base de certezas. Conocí en mi vida a seres excepcionales, a quienes yo denomino torrenciales: unos por su mensaje, otros por su presencia, otros por su sabiduría, su humildad genuina y su capacidad para tomar contacto con ese "otro plano" que tanto ansían conocer los seres comunes y corrientes como uno.

- ¿Qué es la segunda vista?
Artemio "ve" ese otro plano, esa otra dimensión. Su captación va más allá del tiempo y del espacio, e incluso le permite "ver" (y "describir" minuciosamente) a seres que amamos y partieron hace rato hacia la otra orilla.

¿Cómo se presentan las personas aparecidas a Artemio?
"Los ve" siempre de mediana edad, con lo que él mismo describe como "cuerpo gloriosos". Sosegados, en paz, íntimamente felices y, hasta podría decirse, "radiantes". Eso es, "radiantes"...

- ¿Perciben los animales también las apariciones?
Los animales de Artemio - ¡oh felices pichichos, oh "bienaventuradas" criaturas! - "ven a Jesús", literalmente lo contemplan, lo huelen y uno de ellos, "hasta se sienta en sus rodillas" para luego saltar al suelo y seguir observándolo todo el tiempo...

- ¿Es fácilmente aceptable o creíble o suscita rechazos lo que le acontece?
Este hecho puede provocar rechazo en personas "convencidas", renuentes a aceptar todo lo que, de una manera u otra, no coincida con sus "convicciones".

- ¿Cómo se supera la actitud de rechazo?
Puesto que la duda es la primera y natural reacción ante las anteriores afirmaciones, y teniendo en cuenta la natural reticencia de Don Artemio - que además es una persona ilustrada, de sobrados antecedentes pedagógicos, sin trastornos mentales ni tendencia a la fabulación - lo más conveniente es que quien desee saber más sobre él y cerciorarse de su peculiar facultad debería hacerlo por sí mismo y remitirse a las propias comprobaciones que tal vez le sea dable efectuar... Sé que esto es sorprendente. Para mí es maravilloso. Para quienes viven con la sombra de la sospecha y el recelo constante, tal vez sea una tontería o un invento. Me consta que no es una cosa ni la otra. Eso basta. En el mundo de los sueños solemos quemar la almohada del durmiente con nuestra sorna o nuestra duda. Lo que acabo de comentar no es sueño. ¡Es realidad! La realidad que todas las confesiones prometen por medio de la fe pero que sólo es posible percibir por medio de la bendita "experiencia"!

Estas son las descripciones o explicaciones (concluida el Agustino luego de la lectura de las respuestas) que puede obtener del especialista quien tiene, para tranquilidad de Uds, más de 40 años en su labor. Uds tienen derecho a seguir libremente armando la propia interpretación. Dios da sus dones a quien quiere y del modo que El quiere. Y serán incomprensibles para nosotros el por qué y el cómo. Sólo nos suele quedar la envidia negadora. Reconozco que mi inclinación - como dicen - heterodoxa me lleva a la aceptación del milagro. Los ortodoxos no toleran lo distinto y el milagro es "lo distinto". (Y así terminó la reunión cuando seguro quedaban muchas preguntas en el ambiente y mientras el Agustino escribía en el pizarrón, a modo de despedida: "Padre, para ti todo es posible" Marcos 14, 36)

Buenos Aires, setiembre de 2000
GUSTAVO F.J. CIRIGLIANO

Puede ser reproducido

HISTORIAS DEL AGUSTINO
LA APARIENCIA EN LAS APARICIONES

"En medio de vosotros está
Alguien de quien no os enteráis."
(Juan, 1, 26)

"Sé que en el mundo entero muchos me han visto tal como tú me ves... ¡pero no se dieron cuenta!" La frase es fuerte y está puesta en la boca de Jesús en la página 34 de este libro "Revelaciones" de Artemio F. Amero con comentarios de Héctor V. Morel, publicado en Justiniano Posse, Córdoba, en el año 2000, 139 páginas. (La reunión de este miércoles con el Agustino parecía destinada al tema de Posse, a las apariciones, a Artemio y a ese nuevo libro.) O dicho de otro modo (siguió): "siempre aparezco pero no siempre me reconocen". Y me pregunto (plantea Agustino): si María Magdalena, la enamorada de Jesús, no lo reconoce cuando se le aparece luego de su resurrección - Juan, 20, 14 - algo extraño o intrigante ha de haber en este fenómeno de las apariciones. ¿Qué sucede con la "apariencia" del que se deja ver? Recuerden también (Reforzó el Agustino) que los discípulos de Emaús tampoco lo reconocen. Lucas, 24, 16. ¿La apariencia descubre u oculta? Me gustaría que reflexionáramos sobre esto (invitó).

1. La apariencia

En este libro Artemio le describe a HVM en tres ocasiones diferentes, páginas 16, 28 y 35, la apariencia externa que ofrece Jesús cuando se le presenta. Aunque es bueno considerar todas elijo una de las tres, la de página 28; quizá abrevie algo. Y pienso que por alguna razón Artemio describe tres veces la "apariencia". ¿Por qué?

"Jesús es siempre el mismo. Está de pie. Es alto, pero no mucho y bien proporcionado. Viste un pantalón azul casi como del color del manto de Nuestra Señora. Sí, es azul pastel, pero un poco más oscuro, y a la altura de las rodillas, aparece un tanto desteñido. Su calzado es algo parecido a sandalias, con dos cruces encima de cada pie, pero se entrevén las heridas claramente, aún después de dos mil años. Las uñas de sus pies están muy bien cuidadas. Las que yo llamo sandalias delatan mucho uso. El cuero está reseco. Y un poco más arriba, las heridas y debajo de éstas, ¡vellos! ¡Todo tan clarito! Lo que me llama la atención es que normalmente mi vista no llega a tanto, pero ahora no necesito lentes para ver esos vellos. ¡Qué maravilla es ver los pies de Jesús! Me pasaría todo un día mirándolos. Por su posición, podría decir - tomando como referencia las agujas del reloj - que están en la diez y diez. La separación es normal, como la de cualquier persona. Los pantalones son largos, pero no tanto: sin embargo cubren sus pies en parte. No llego a ver si lleva cinto o qué, debido a lo que cubre su torso... No sé si puedo denominarla camisa... Parecería de lana, pero es como ya la ví una vez: tipo morley, ignoro si esto es lo preciso, mas bien holgada, pero no tanto. Es posible observar nítidamente sus músculos: los de los brazos, pecho y abdomen. A esta última altura, la camisa se halla más floja... [...] Su cintura es normal y su espalda relativamente ancha. Los brazos son fornidos, y las manos, muy largas, bellas, y sobre todo fuertes, de nudillos oscuros que muestran que han trabajado mucho. Aparecen a tres cuartos de perfil, lo cual me permite ver las heridas que se hallan tan frescas como las de su corazón. Tiene las manos caídas a ambos lados, más bien hacia su cuerpo y de ninguna manera extendidas con fuerza. O sea que caen naturalmente. Su color aparece hoy, tal vez porque está de pie, un poquito más oscuro. Y sus heridas... ¿sus heridas brillan un poquito! ¡Observando cómo de ellas mana sangre o linfa!".

El texto continúa, pero voy a la página 17 donde describe su ropa habitual:

"A veces usa una túnica sobre el hombro derecho. En ocasiones está pegada en el plasma. Cuando El está hablando suele despegarla y levantarla. Tiene en el hombro derecho la herida más grande. El hueso expuesto es fácilmente distinguible. Sin embargo nunca me dijo que sentía dolor o dio muestra de ello. Pero te aclaro algo más de su túnica: suele ser de color blanco, crudo, o bien gris desteñido, y a veces, está desgarrada. En otras ocasiones lo veo nítidamente vistiendo una camisa tipo morley, con solapas de escote en V; le llega hasta la cintura, no más abajo, y tiene pantalones de jeans, de bolsillos con pespuntes. Sus sandalias, tipo "franciscanas" son de dos lonjas de cuero "muy viejo".

2. Consulta en busca de interpretación

Dejo que Uds contemplen luego la lectura pero creo que con lo leído podemos comenzar a pensar el tema de la "apariencia". Yo me he preguntado: ¿qué significa esa forma de dejarse ver? ¿por qué con tal aspecto? Me intriga la apariencia externa. ¿Cómo se manifiesta Jesús en su aspecto exterior en otros casos de apariciones? ¿Son similares a la descripción de Artemio o no? Si hay diferencia, ¿a que se le puede atribuir? ¿Cómo era el aspecto exterior cuando se aparecía a santa Teresa o a otras figuras de aquellos tiempos? Le daba vuelta a estos temas y decidí naturalmente consultar a quien sabe de esto, a nuestro especialista de quien fuera varias veces requerida se generosa opinión. Y le pregunto si no será que la apariencia o sea el modo de ser visto está más condicionado al receptor, más ajustado al que "mira" que al que se manifiesta, o que hay algo relativamente sin forma definida u por tanto pasible de varias formas que es completada por el mirante. (¿Qué contestó el especialista? ¿Le solucionó el enigma? Preguntó Adriana).

Extraigo de su respuesta: (responde el Agustino).

Lo que A. Responde ha tenido y tiene diferentes apariencias en cuanto a vestimenta, pero en un lapso importante hasta el presente, Jesús se esmera en aparecer tal cual se lo describe en las páginas del libro. Su propósito es el manifestarse como hombre del tiempo actual. A lo ha percibido también con ese aspecto pío al que estamos tan acostumbrados por ilustraciones típicas ad hoc. Eso de que la apariencia esté más condicionada y ajustada al que "mira" y "ve" que al que se manifiesta es, según mi opinión, algo difícil de responder tajantemente. Quienes han tenido experiencias de distinto tipo, similares a ésta - aunque no se trate de la especialísima figura de Jesús.- Describen rasgos faciales, características capilares y diferentes vestimentas que desconciertan a la mente racional, particularmente en lo que concierne a atuendos. Hasta una criaturita preguntaría: "¿Para qué necesitan ropa en ese otro mundo?", Sin embargo, esto es así en toda clase de apariciones, en todos los países y en el marco de las más distintas doctrinas. El observador o "mirante", se limita a transmitir lo que ve. Es posible que exista alguna carga subjetiva, que recubra "de lienzos varios" a la figura.
Eso no se puede saber...
Pero cuando, en casos ajenos a éste, A describe con pelos y señales a alguien que pasó por este mundo, y al que uno mucho conoció y amó, sin tener A el mismísimo conocimiento personal de aquél, se produce el mismo fenómeno: ese ser que A "está viendo", también aparece "vestido", y lo curioso del caso es que esa "vestimenta" coincide exactamente con la que aquel ser solía en vida o era de su predilección. Y eso incluye ¡hasta los anteojos!"

Hasta aquí la respuesta a la consulta. (Agustino, ¿cuál sería su conclusión, si la hay, luego de la opinión y las consideraciones anteriores? Pidió Esteban):

3. Alertas para ver

"La apariencia es lo de menos", me surge y recordé, por esas cosas extrañas de la vida, lo que me enseñaba un viejo fraile capuchino recoleto. En último caso - él creía - la apariencia, el modo de mostrarse, es fungible y variable. Pero si el manifestante puede mostrarse con diferentes apariencias, hay que saberlo y estar alerta ante la sospecha de su cercanía, me aconsejaba. La apariencia muestra y esconde. Sepamos ver lo que esconde a través de lo que se muestra. Si la apariencia es fungible hay que estar con los ojos abiertos porque no sabemos lo que hay en lo que tenemos delante. Múltiples apariencias podrían resultar Cristo para el ojo alerta y atento. ¿Recuerdan la frase inicial que cité? Jesús se aparece pero no nos damos cuenta. Y esto viene de lejos. Será inútil que se manifieste si uno no cree en Él o si no se lo busca o si uno no quiere enterarse. "Me manifesté a los que no querían enterarse". Rom 10, 20 Y "Me habéis visto y no creéis" Juan 6, 36.

Importa llegar a reconocer lo que está detrás escondido como merodeando. Y recomendaba el recoleto: cuando sospechen de una apariencia como presencia, digan resueltamente: "Señor Jesús, sé tu mi esperanza, mi luz, mi fuerza, mi paz, mi salud y mi alegría". Como señal de reconocimiento de que esté ahí mostrando y a la vez escondiendo. Reconocer que ronda por las cercanías y estar pendientes de su presencia aunque no se lo vea. El recibirá el mensaje.

Porque cuando uno quiere comunicarse encuentra el modo en que pueda ser recibido por el otro y elegirá la apariencia más comunicativa posible. Por ello Jesús el Cristo es el Señor de las múltiples apariciones. No se trata de una apariencia metafórica o ilusoria o que se crea que cualquier cosa remite a El sino de una presencia-apariencia real. Alerta, insistía el viejo fraile, que está cerca. Y el recoleto, ami parecer de entonces, exageraba cuando decía: hasta podría aparecérseme utilizando mi propio cuerpo - o sea a mí - como su apariencia, dicho sin pretender escandalizar. (El Agustino parecía haber concluido pero...)

4. Manifestar y Ser

Incidentalmente lo digo para no olvidarlo: el 17 de enero de 2001 vi actuar el agua de la Virgen. Y regreso a nuestro tema con otra cita:

"Sólo entonces lo veremos tal cual es", se lee en I Juan 3, 2. (¿Qué se quiere decir con eso? Preguntó Daniel). Estimo yo (explicaba) que hay modos de verlo no tal cual es. Por ejemplo las apariciones. Quiero decir que mientras no se manifieste tal cual es se dejará ver de otros modos. (Agustino, ¿Artemio ve realmente a Jesús? Pregunta Patricio). Me ponen en una encrucijada pero sinceramente estoy convencido de que si Artemio dice que lo ve, es cierto que lo ve. El tema de hoy era más modesto: la apariencia que trae Jesús cuando se aparece.

Y sobre eso hay una respuesta en el libro "Revelaciones" que nos permite cerrar la exposición de hoy en la que yo abundé y acaparé todo el tiempo: en pág. 35 dice Jesús:

Si con el paso del tiempo los humanos cambiaron de vestimenta, ¿no debería yo estar a tono con estos tiempos y con los lugares en los cuales me presento? Puedo seguir viviendo de esta forma o bien, con mi túnica. ¿Por qué no? Para el caso es lo mismo! Pero ahora llego a todos de manera más concretamente perceptible: sigo siendo de naturaleza divina ¡pero también humano! Quienes deseen ver y leer entre líneas, ¡háganlo! ¡Esto es así! Esta imagen mía actual, sobre la tierra, es más que un mensaje, ¡una Presencia!.

Y por hoy es suficiente. Cerramos pero yo pediría humildemente que Cristo se milla y proyecto crezca en nosotros. Y tener presente: quizá Jesús está al lado nuestro y no nos enteramos. Artemio "se dio cuenta" y lo descubrió.

Buenos Aires, enero - febrero de 2000
GUSTAVO F.J. CIRIGLIANO

Puede ser reproducido.

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