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Revelaciones Año 2000 - Continuación 2

EL SEÑOR RESPONDE

EL SEÑOR RESPONDE

1

S. T.:
Hay inquietud por saber si la vida en general, como fenómeno masivo que se da sobre el planeta, tiene un sentido, propósito o norte definido, al cual debe tender, para coadyuvar a su realización, cada existencia consciencia individual,
No guarda relación con esto la meta sublimada u ordinaria que una persona se autofije (ayuda al prójimo, buenas acciones, placer, dinero, triunfo en lo social, etcétera, porque son concepciones particulares, ideologismos elaborados para defensa o utilidad), sino que se trata de percibir un sentido ínsito de la vida, vale decir, propio de ella misma; el que en tal extremo de un modo u otro se reflejaría en lo que íntimamente impulsa a todos los seres.
Desde el enfoque biológico hay respuesta concreta pero descarnada: se nace para crecer, culminar este desarrollo, multiplicarse, declinar y morir. Allí se agota el ciclo, el sentido y toda la razón de ser de cada unidad viviente.
Dicha perspectiva se basa en lo que se ve, palpa, desmenuza y experimenta en laboratorios.
Más allá de ese estrecho marco, hay un propósito más trascendente implícito en la existencia orgánica? En caso afirmativo, ¿cuál es y de qué hechos observacionales surge su postulación?

JESÚS: Esto hay que basarlo en el concepto de la Creación. Desde el mismo momento en que empieza la vida en el seno de la madre, tiene una relevancia necesaria, no contingente; a partir de ese momento, la vida por sí misma es un valor, mucho más acá del sentido trascendente. El cuerpo en sí mismo tiene su propia plenitud: ese cuerpo que es portador de la vida y la vida misma. Este concepto es abarcativo: incluye a todos los seres (animales y plantas).
Esto se mueve dentro de los parámetros de los valores mismos de la vida.

A. S. T.: Es sabido, por harto evidente, que la morfología de todas las criaturas vivas está diseñada funcionalmente para las necesidades materiales del hábitat en que subsisten; cada órgano, sistema y hasta la forma exterior apunta a ello, sin un solo elemento inútil, faltante o sobrante. Así, por ejemplo –y dispénsese la obviedad– en el cuerpo humano las cejas desvían la transpiración de la frente para que no penetre en los ojos, las pestañas los protegen de los rayos solares, los dientes cortan y trituran alimentos sólidos, las manos están perfectamente hechas –enfrentando el pulgar con los demás dedos– para asir objetos, la forma corporal responde a la del esqueleto, que la sostiene, también a los órganos internos –para los equilibrios vitales– y al sistema muscular, para la fuerza y la marcha, etcétera. Está por demás claro que todo esto es para el aquí y ahora, y que cuando por postración, sedentarismo o cualquier otra causa ello no se ejercita, sobreviene la atrofia y consiguiente inutilización.
Hay doctrinas que postulan la existencia de un doble cuerpo intangible, duplicado exacto del físico, que perduraría con toda su moldura anatómica más allá de la disolución de éste.
Si persiste en otra dimensión, exenta de las necesidades, contingencias, pesos y resistencias terrestres, ¿cómo y para qué conserva una forma y estructura (aunque etérea y astral) que ya no necesita ni utiliza?
La economía de la naturaleza nada hace ni conserva en vano. De allí el interrogante formulado.

JESÚS: Ese cuerpo intangible existe pero sin imperfecciones, como un anticipo de la resurrección de la carne, que es ya la resurrección en sentido figurado, en esa dimensión que muchos pueden ver en cualquier momento... La Creación apunta a la perfección que se da en esa dimensión, la cual está exenta de todas las necesidades, menos la de amar y ser amado. Esta necesidad no quita la perfección, pues el Padre, aunque perfecto, crea al mundo por amor.

S. T.: Por la ostensible evolución biológica operada, el hombre de hoy es, físicamente, más desarrollado –en sentido estético– que el troglodita; perdió su abundante vello, potentísimos molares, cráneo bien aplanado, etcétera. Su cuerpo, ya desadaptado del medio selvático, se ha estilizado.
También su inteligencia se desenvolvió mucho, pues el actual sabe más
–en ciencia y técnica– que el de hace dos o tres milenios; pero no es más bueno, manso y fraternal que aquél.
Una evolución moral en la especie humana en general no se advierte, pues subsisten los mismos delitos, egoísmos, separatismos, guerras, torturas, opresiones, explotaciones y afanes de acumulación de siempre; a los códigos penales deben agregarse constantemente tipificaciones de nuevas formas delictivas.
Ante la afirmación de muchas escuelas espiritualistas de que el hombre, en el devenir, desde siempre viene ampliando su conciencia ética, desanimalizándose, marchando hacia un arquetipo angelical, ¿qué señales, evidencias históricas u otros hechos observacionales hay de ese anhelado crecimiento interior?

JESÚS: Por más milenios que pasen, el concepto de libertad no se modifica, y aunque la conciencia ética evolucione en el hombre, lo hace en un nivel racional que de poco sirve porque un hombre no se vuelve mejor o "más bueno" razonando sobre la bondad...
La evolución moral real se da en el nivel individual o en pequeños grupos, que "hacen poco ruido" pero van avanzando indefectiblemente hacia el Pleroma. Las evidencias están. Hay que buscarlas un poco. Para encontrarlas hay que despojarse de oropeles y avanzar con humildad genuina.

S. T.: Lo que determina el comportamiento humano (su modo de sentir, pensar y actuar) responde a tan complejos y heterogéneos factores que resulta difícil, si no imposible, reducirlo a un solo elemento ignorando a todos los demás, como si no existiesen.
Cada uno es como es –en lo señalado entre paréntesis– por la región geográfica y tiempo histórico en que se desarrolló, pues ello en cierta medida lo condiciona; por el ambiente socio-económico-cultural en que creció; por la herencia biológica (paterna y materna) de que es depositario; por los avatares que pueden o no haber influido en el período de su gestación intrauterina; por la constitución psicofísica que genéticamente lo estructuró; por las influencias y experiencias de la niñez y adolescencia que formaron su personalidad, etcétera.
La gradual maduración y orientación de sus emociones, sentimientos, pensamientos, consiguiente idiosincracia y conducta adulta aparecen como resultado modelado, determinado, por esa constelación de factores concurrentes.
¿Qué respuestas conductales provienen directamente del alma –simple e indivisa– de todo al margen de la mencionada integración existencial?

JESÚS: Es cierto todo lo relacionado con lo condicionante y los factores concurrentes, pero, llegado un momento, en la persona se enciende la llamita bajo cuya luz las cosas empiezan a verse de otra manera.

S. T.: Cada ente humano se reconoce a sí mismo, como individuo, por sus contenidos mentales y sensaciones que experimenta a través de su cuerpo físico.
Las imágenes, pensamientos rutinarios, conceptos, visualizaciones y recuerdos que alberga en su mente llegaron allí por vía sensorial; son de este mundo, vale decir, temporales.
Al cesar la vida orgánica ya no hay fuente de sensaciones físicas, y en cuanto a los contenidos mentales, por ser de origen temporal no pueden volverse atemporales, es decir, eternos; pues originados aquí y no realimentados por falta de contacto con lo terrestre, deben eclipsarse como ocurre con todo lo que no se estimula, tonifica y re-crea de continuo.
¿Qué es lo que sobrevive, y esto, sin soporte físico y sin las mentalizaciones habituales emergentes de ello, cómo se reconoce a sí mismo?

JESÚS: El planteo es demasiado humano y se encierra en una casi imposible respuesta... como si la no respuesta se diera por anticipado. La persona nunca pierde su identidad aunque cambie de estado.

S. T.: Hay una identidad orgánica, dada por los cromosomas, síntesis químicas corporales y otras señales físicas que son particularísimas del individuo. Por ello, en ese orden de cosas cada ser humano es irrepetible, pero esto, obviamente, se desintegra con la muerte corporal.
También hay una identidad civil, la de nombre y apellido; sólo sirve para el registro formal de los ciudadanos, pues no tiene ninguna trascendencia.
Asimismo, hay una identidad psicológica: la del Yo y personalidad de ese género. Trátase de una serie de estructuraciones, mecanicidades y equilibrios funcionales originados en el tiempo y contacto con las cosas y experiencias existenciales de este mundo concreto. Se instrumentaron para orientarse y manejarse en él.
Si hay una sobrevivencia post-mortem, ¿cuál es la identidad individual que perdura?

JESÚS: Hay una sobrevivencia post-mortem. La identidad que perdura es la que tuvo siempre, pero con un "baño" de infinito.

S. T.: Por su propia naturaleza, mecánica operatoria y funcionalidad ajustada al mundo físico en que se desarrolló para posibilitar la adaptación y orientación del hombre en este hábitat, el pensamiento trabaja con imágenes, dimensiones, contexturas, cantidades, espacios, formas y tiempos de aquí.
¿Cómo es posible que con esa misma sonda exploradora (de cuño y aplicación terrestre) pueda figurarse lo trascendente, esto es, lo atemporal, transespacial, sin forma, substancia, ni reducible a cantidad?

JESÚS: Esto tiene igual respuesta que lo anterior.

S. T.: Ante las permanentes preguntas: ¿Qué somos? ¿Por qué estamos en el mundo? ¿Para qué? ¿Hacia dónde vamos? La biología da la yerma respuesta producto de la observación de los hechos, su analítico estudio y experimentación reiterada:
Como unidades vivientes, somos un perfecto equilibrio físico-químico que se desenvuelve sobre el planeta.
Todas y cada una de las personas están aquí por consecuencia de un parto, que fue efecto de un anterior proceso fetal, que significó la culminación de una preliminar gestación embrionaria, que se desencadenó a partir de la unión de dos células germinales, las que se fusionaron a causa de un acto fisiológico ejercido por sus progenitores. Hasta allí llega el rastreo de causales discernibles y demostrables.
El "para qué" es el cumplimiento del ciclo biológico (crecer, culminar, multiplicarse, declinar y morir).
En la muerte orgánica las funciones físicas cesan, la síntesis mental se desarticula y el precario equilibrio del Yo psicológico caducas. Hacia esa nadidad iríamos.
Esta visión es de un crudo nihilismo, genera angustia y, masivamente proyectada, provocaría el desorden social; al que hay que evitar a toda costa.
Ante dicho operativo de defensa se ensayan otras y muy edificantes respuestas para los mismos interrogantes; son las espiritualistas, devocionales y fideístas en general.
¿En qué hechos observacionales y experimentaciones programadas, seriadas y controladas se basamentan?

JESÚS: –Hemos sido Creados por Dios y para Él.
–La misión que cumpliremos no es sólo biológica.
–Hacia la bienaventuranza eterna.
–El tributo a la humana naturaleza.
–No vamos hacia ninguna nadidad.
–Algunas corrientes filosóficas han desencadenado esta posición.
–El desorden social es una alternativa humana, y no somos nosotros los que los evitaríamos.
–Todos los que tienen ojos para ver y manos para experimentar ya lo han resuelto, pero para verlo hay que descender de la mente racional hacia un corazón que palpite con humildad y extrema pobreza.

S. T.: La mente humana tiene raíz biológica –la masa encefálica en que se integra–, por lo tanto, sus funciones, incluso la pensante, conllevan esa naturaleza. Por consiguiente, en todas sus operaciones, implícita o explícita, está impresa la básica impronta de esa índole: sobrevivir, asegurarse, perdurar, acumular cosas para protegerse, perpetuarse, etcétera.
Las expresiones de deseos, anhelos aparentemente superiores, idealizaciones y sublimaciones de cualquier orden contienen ese ultérrimo y vital designio, por la fuente de donde emanan.
¿La llamada intuición espiritual escapa a esa regla general? En caso afirmativo, ¿sobre qué base se adjudica al hombre una facultad extraorgánica, del todo ajena a lo biológico que es lo que lo coloca y mueve en este mundo?

JESÚS: –La intuición escapa a esa regla general.
–La facultad extraorgánica también es histórica en cuanto a consideración; además, hay que dar por sentado y comprobará que las facultades humanas, cuando se las estudie en profundidad, son extraorgánicas en su mayoría. Mientras tanto, sabemos que son extraorgánicas por situaciones más que obvias.

S. T.: Muchas escuelas espiritualistas sostienen que el ente humano, en su más recóndita esencia, es una chispa divina, un alma esplendorosa, plena de bondad y sabiduría, un reflejo de lo Absoluto.
En sánscrito, sat-chit-ananda = existencia-conocimiento-felicidad, reza la filosofía vedantina al establecer esos atributos de Brahman (Dios) enraizados en el hombre.
Como nada de esto se ve en el trato, comportamiento e incluso buceo psicoanalítico, sino todo lo contrario estadísticamente hablando, las mismas cofradías hacen una figura simbólica: esos valores superiores están encubiertos, soterrados en las profundidades del Ser; algo así como la luz de una lámpara que varias pantallas tapan; al ir quitándolas, aquélla resplandecerá cada vez más hasta que después de la última mostrará toda su potencia. Análogamente, lo que ocluye, como las pantallas, la libre manifestación de lo Absoluto es la constante agitación de pensamientos de la mente, la cohesionada personalidad y el férreo Yo individual. Eclipsando de propósito todo esto, disolviéndolo con duro empeño personal, siguiendo para ello –como meta a conquistar para sí– las rígidas disciplinas yogas, se abrirá un ángulo para que aquella oculta y cósmica luz se proyecte.
Empero, cuando en casos patológicos se da una efectiva desarticulación antinatural de la personalidad, pérdida de ejercicio consciente del pensamiento y compulsiva fracturación o disolución del Yo psicológico, lo que emerge, como trasfondo aún palpitante, es minusvalía, nulidad, regresión a etapas infantiles y hasta primitivas de la especie hominal.
¿Cómo conciliar estos penosos casos casi diarios de la clínica médico-psiquiátrica con aquellas antiquísimas postulaciones?

JESÚS: Yo respondía una vez que esos seres eran muy felices, si es que se toma la felicidad como una categoría máxima, aunque pueden tomarse otras categorías. Dios más que hacer las cosas "las hace hacerse"; en consecuencia, yo también sufro cuando en los patrones genéticos o en la vida diaria se dan estos casos. Son los laberintos de la libertad que fue mal usada en los ancestros o recientemente.

S. T.: El avance del conocimiento, en los diversos campos del saber, se logra mediante la aplicación de un método que ha dado y sigue dando resultados positivos; muy sucintamente expuesto, consiste en los siguientes pasos: 1) recolección de datos atinentes a lo que se investiga; 2) concatenación de los elementos hallados; 3) observación minuciosa de los mismos, cuantificación, medición, determinación de sus variables; 4) análisis y discernimiento de sus posibles causas productoras, correlaciones, influencias colaterales, situaciones coadyuvantes o neutralizantes, etcétera; 6) confrontación dialéctica con otras hipótesis emergentes; 7) crítica y defensa de cada una de ellas; y 8) demostración experimental de la que se consideró más válida, mediante trabajos programados, seriados y controlados. Cuando se obtiene esto último, la hipótesis ensayada deja de ser tal, pues asciende al superior rango de teoría universal, donde perdura si descubrimientos posteriores no la vulneran.
Así, con esta laboriosidad y libertad de pensamiento ejercido, aplicado a la indagación sistemática de las cosas, se han desenvuelto todas las especialidades científicas; siempre en avance, nunca en petrificación de lo que antes se estimó ya dicho y resuelto.
¿Es factible aplicar esta metodología de averiguación a la plataforma conceptual y hechos del espiritualismo? En caso negativo, ¿qué razones lo impiden?

JESÚS: No se descarta que en algún caso podría ser. Pero las metodologías del amor superan todas estas cosas, muchas, con raíces en el siglo XVI. Cuando el amor no alcanza, hay que caminar con las muletas del conocimiento. Con un amor perfecto o casi perfecto, a todo se llega.

2

M. F. (Chichita): ¿Por qué tuviste que morir?
JESÚS: Debes leer con atención las Sagradas Escrituras. Si no entiendes eso, no has comenzado tu peregrinación aún.
M. F.: ¿Tu venida es inminente?
JESÚS: No.
M. F.: ¿Por qué hay tanta maldad?
JESÚS: El hombre usa mal la libertad... pero no hay tanta maldad. Más aún, ¿quién es malo conscientemente?

M. F.: ¿Qué pasará con el planeta y el universo?

JESÚS: Nada que deba preocuparte.

M. F.: ¿Volveremos en otro cuerpo a la vida?

JESÚS: No.

M. F.: ¿Qué pasa cuando morimos?

JESÚS: Se cambia de estado.

M. F.: ¿Tu nacimiento fue tal como dicen los Libros?

JESÚS: Sí, pero adornado con muchas palabras.

M. F.: ¿Dónde estuviste todo el tiempo que pasó sin saber de ti?

JESÚS: Estuve en la carpintería de mi padre e hice innumerables viajes al mundo conocido y desconocido. También viví de manera rutinaria, para el ojo común.

M. F.: En caso de que vengas nuevamente, ¿cómo nos daremos cuenta?

JESÚS: Estoy siempre.

M. F.: ¿Por qué se acabaron los profetas?

JESÚS: Nunca hubo tantos profetas como en este tiempo, pero no todos son auténticos ni se refieren a lo mismo.

3

M. E. F. (Matucha) a JESÚS: ¿Tu muerte fue un fracaso o un triunfo?

JESÚS: Un triunfo total.

M. E. F. a JESÚS: ¿Qué opinas de lo que se proclama como "Cristianismo" y sus representantes?

JESÚS: En las revelaciones, ya en el año 1966, he sido claro en estos temas.

M. E. F. a JESÚS: ¿Tu vida en la tierra terminó a los 33 años o se prolongó mucho más?

JESÚS: La vida del Hijo de Dios no debe medirse en tiempos humanos.

M. E. F. a JESÚS: ¿Fuiste un loco o un iniciado?

JESÚS: Ese interrogante tiene tantas respuestas e interpretaciones como quien los interesados.

M. E. F. a JESÚS: Como enviado divino, ¿tu misión está relacionada con el ser humano o con el planeta entero?

JESÚS: Abarca todo. Y cuando digo todo, es todo.

M. E. F. a JESÚS: ¿La invocación, la oración y la meditación son útiles para atraerte?

JESÚS: Por supuesto.

M. E. F. a JESÚS: ¿Con qué grado de iniciación vendrás?

JESÚS: Esta pregunta está impregnada por ciencias demasiado humanas. Soy único como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo, y a la vez soy Trino.

M. E. F. a JESÚS: ¿Sabremos reconocerte y aceptarte?

JESÚS: Siempre.

M. E. F. a JESÚS: ¿La humanidad tiene necesidad de tu venida para evolucionar?

JESÚS: La humanidad no cesa de evolucionar hacia el Pleroma.

M. E. F. a JESÚS: ¿O tendremos que dejarte nacer en cada uno de nosotros?

JESÚS: Esa es una condición esencial.

M. E. F. a MARÍA: ¿Cómo madre de una encarnación divina cumplirás otra misión en la tierra? ¿Esa misión consistirá en reencarnar nuevamente, o como Maestro ascendido?
MARÍA: Lo que preguntas se aleja del pensamiento cristiano. Tú búsqueda es sincera, pero peregrina por otros caminos guiada por el Espíritu Santo.
M. E. F. a MARÍA: ¿Las apariciones que las personas ven son reales o falsas?
MARÍA: Algunas son reales, pero la mayoría son fruto de la imaginación y fácilmente explicables por la psicología. Otras son interesadas, para satisfacer esquemas o prejuicios aún no satisfechos, del "ego" personal, por supuesto.

4

H. V. M. :
¿Es posible que, en un futuro cercano o lejano, dictes una Nueva Ley u otro Nuevo Testamento para la Humanidad?

JESÚS: No hace falta otro Nuevo Testamento para la humanidad. Sí hacen falta apariciones de tiempo en tiempo; mías, de mi Madre o de las almas iluminadas que escuchen los Mensajes que podamos darles para que todo lo contenido en el Nuevo Testamento pueda ser interpretado a la luz de los tiempos que al hombre le toca vivir.
La verdad es una sola, pero siempre necesitas que sea dicha con palabras de los tiempos del hombre.
Además, hay necesidad de discernimiento para distinguir, a la luz del Espíritu Santo, quiénes hablan porque soy yo o mi Madre quien es los dicta, y quienes hablando siguiendo intereses personales muy disimulados o inconscientemente disimulados, o dentro de estructuras que exigen la autocensura.

H. V. M.: Si Juan fue el "Discípulo Amado", ¿su Evangelio tiene alguna preeminencia sobre los otros tres?

JESÚS: No. No tiene preeminencia alguna. Pero es preciso reconocer que el suyo es una respuesta maravillosa a quienes están al margen de todo, pues les ayuda a entender más los instrumentos salvíficos con los que yo actúo constantemente asistiendo en todo momento a quienes, siendo dos o más, estén reunidos en mi nombre.
Juan ha escrito todo basándose en lo que él mismo "vio y oyó" con precisión, muy de cerca, sin intermediarios. Su Evangelio es muy diferente de los tres primeros: por este motivo se lo resistió tanto en los primeros tiempos. En todo esto hay una verdad candente: muchas veces quienes más afirman representarme, olvidan invocar a la Tercera Persona. Entonces casi todos ellos andan a tientas.

H. V. M.: Además de Ti, ¿existen otros Maestros Perfectos (o Avatares)?

JESÚS: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; quien me sigue no anda en tinieblas."

H. V. M.: Siendo tú el Señor del Amor, ¿cómo es posible que Tu Madre diga más de una vez, por boca de videntes o místicos, "que te está parando la mano para que no castigues a la humanidad", si Tú eres la personificación de la Misericordia?

JESÚS: Soy la personificación de la Misericordia y todo debe interpretase sobre esta base. A mi Madre y a mí nos hacen decir muchas cosas que, sacadas de contexto, suelen o pueden ser interpretadas de diferentes maneras. Es verdad que tanto mi Madre como yo hablamos a muchos en locuciones íntimas, pero también es cierto que en muchas ocasiones se perfilan intereses personales y concepciones muy terrenas, propias de quienes reciben los mensajes que, a veces, son objeto de autocensura consciente o inconsciente, o de retransmisión imprecisa, inexacta y hasta falseada.

H. V. M.: ¿Quién fue el "joven desnudo" (Marcos 14:51-52) que escapó del Monte de los Olivos, quien había estado siguiendo a Ti y a tus discípulos?

JESÚS: Tú mismo cuando, en ocasiones, huyes de mi amor porque lo consideras una pesada carga.

H. V. M.: ¿Qué escribiste en la arena antes de decir a los presentes: "arroje la primera piedra quien esté libre de pecado"?

JESÚS: Escribí: "Abba, Abba". Y pensé: "Papito, Papito, los hombres aún no entienden lo esencial"...

H. V. M.: ¿Actualmente estás otra vez encarnado en la Tierra? ¿Dónde? ¿Por qué?

JESÚS: Estoy en todas partes y con mil formas diferentes. Búscame y me encontrarás...

H. V. M. a MARÍA: ¿Por qué tus apariciones tienen lugar cada vez con mayor asiduidad en distintos puntos de la Tierra? ¿El final de los tiempos está cercano?

MARÍA: Siempre me aparecí o manifesté con mucha asiduidad, y pueden verme y escucharme. Lo fundamental es que quieran verme y escucharme, y lo harán...
El final de los tiempos está muy lejos: tan lejos o cerca como el Pleroma (la unión en la totalidad).

5

S. G. T. y S. J.:
Dada la diferencia cronológica de los Evangelios y su transmisión oral durante muchos años, ¿qué grado de inexactitud, o bien, cuánto de inexacto tienen respecto de los sucesos reales?

JESÚS: Todo lo esencial está bien. Lo que a veces no está bien es la forma de interpretarlos. Valga esto para todo en los temas religiosos. Pero déjense guiar por el Espíritu Santo y Él les inspirará lo correcto. Incluso en los Evangelios no aceptados hay muchas verdades de muy gran valor. Pero la mayoría de los "doctos" y no "tan doctos" tienen miedo pánico de que se filtre algún error. Sin embargo desconocen que el Espíritu Santo es la libertad misma, y lo peor que puede hacerse es dudar de los alcances de esa libertad. Muchos, aunque no les parezca, creen que el Señor es un administrador avaro del amor y la libertad.
En la historia del cristianismo sobran los ejemplos en los que, por no dar información o retacearla se han originado montones de errores garrafales. La historia de muchos hombres que tuvieron un rol destacado, mirándolos bien, es una pila de egoísmos y soberbia, y lo que es peor de todo, dicen haberlo hecho "en nombre de Dios"...

S. G. T. y S. J.: ¿Qué cantidad de hermanos tuvo Cristo?

JESÚS: De las entrañas de María sólo he nacido yo.

S. G. T. y S. J.: El infierno, el purgatorio, etcétera, deben interpretarse como un lugar físico o un estado del alma? ¿De qué se trata?

JESÚS: Cuando el hombre cierra sus ojos en el mundo en que vivió, los abre en otra dimensión y allí puede permanecer un tiempo en la oscuridad o entrar directamente en la Luz para siempre.

S. G. T. y S. J.: Los Evangelios canónicos son veraces? ¿Se contraponen a los no canónicos? ¿Cómo podríamos considerar a los primeros en relación con los últimos?

JESÚS: Mi primera respuesta hace alusión a esto.

S. G. T. y S. J.: En Tu tiempo hubo quienes aseguraron sin éxito que eran el Mesías, abonando de alguna manera el campo para la llegada del Salvador. ¿Qué grado de influencia o importancia le otorgas a esta situación?

JESÚS: San Juan Bautista fue quien se adelantó a mí. En todos los tiempos hay personas que tácita o expresamente aseguran que son el Mesías. No lo son.

S. G. T. y S. J.: Con el universo actual en franca expansión, el sistema solar no sobrevivirá al primero. ¿El Juicio Final está relacionado con el término del sistema solar o con el colapso del universo?

JESÚS: El accionar del Señor está "más allá" de todos esos hechos.

S. G. T. y S. J.: Dado el principio entrópico en la expansión del universo, ¿es dable esperar un colapso de éste? En tal caso, ¿ocurrirá un nuevo Big-bang, repitiéndose el ciclo una y otra vez?

JESÚS: No se compliquen la vida con tantas cosas cuando, a veces, quien está a vuestro lado languidece por falta de amor o dureza de corazón.

S. G. T. y S. J.: ¿El Diluvio Universal fue obra de Dios o un fenómeno producto de la glaciación de la Tierra, que el hombre asoció con la intervención de Dios? ¿El Arca de Noé está en el Monte Ararat de Turquía? ¿Dónde está?

JESÚS: No quiero fomentar discusiones sobre el Diluvio o sobre el Arca de Noé: no atañen a lo esencial.

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