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Oración Oficial

ORACIÓN


Te dictaré esta Oración, la “Oficial del Tercer Milenio”, en este día 24 de junio, fecha del nacimiento de San Juan Bautista, el Precursor:

Madre Inmaculada, que llevaste en tu seno al Hijo de Dios: quiero decirte hoy una Oración, tan corta como sea posible y tan larga que abarque toda mi vida.

María Santísima, esperanza nuestra, auxilio nuestro y mediadora de todas las gracias.

Madre Santísima, representante siempre ante Jesús y transmisora de nuestros petitorios, alabanzas y glorificaciones.

En este día tan especial, como son todos los días, nuevamente recurro a ti, Madre Santa, para que llenes con tu aliento mi corazón de ternura, de amor sin medida y de todas las virtudes que adornan tu existencia.

Madre Santísima, Madre del Buen Consejo, Madre del Creador: inspírame lo más noble, y que mis actos me unan realmente contigo para siempre...

Madre: no quiero estar un momento o dos o más contigo: quiero estar para siempre, o sea, que con decir esta Oración, quedo sellado o inscripto en el Libro de la Vida, y aunque te olvidara, me tendrás siempre en cuenta y procurarás siempre mi bien.

Madre, tal vez me pierda en los recodos de la vida, te niegue en algún momento o ponga en duda todas tus maravillas... pero no lo tengas en cuenta porque, en este día y para siempre, me ofrezco, dono y entrego a ti para que hagas conmigo lo que quieras... De todas las formas podré llamarte Madre porque sé que no te preocupará que te invoque con un nombre u otro: eres siempre la Madre del Creador, la misma que en el portal de Belén recibió al Niño quien, engendrado por el Espíritu Santo, nació entre animales, y bajo el calor y aliento de éstos para demostrar su humildad, su sencillez y su adhesión a todas las cosas simples...

Madre: puedo recitar esta Oración entera o en parte, o decir tan sólo “Inmaculada Concepción”: todo tiene igual valor porque tú me la dictas, y así declaro firmemente ante todos que tú eres mi madre y que jamás te negaré.
Repito ante todos que, como Inmaculada Esposa del Espíritu Santo, nos diste al Hijo de Dios y, al lado de tu Hijo, como Co-Redentora, estás redimiendo a la humanidad.

Madre, te amo total y tiernamente con mi cuerpo, mi sangre, mis órganos, mis células, mis cabellos, mis párpados, mi respiración y cada latido de mi corazón.

Madre: hoy te pido que este pobre, simple y tan precario corazón mío, capaz de detenerse en cualquier instante, con todos sus latidos lleve con mi sangre a todos los rincones de mi organismo tus bendiciones y protección constante...

Madre nuestra, amorosa, gentil y servicial: déjame expresarte mi ternura y que
la repita una y otra vez a todos durante el resto de los días de mi vida.

Que mi ternura, Madre, te envuelva siempre, estando yo distraído o consciente, lúcido o alienado: te necesito siempre y quiero estar contigo.

Esta Oración que este día te digo, aunque nunca más la repitiera, vale por toda la vida y toda la eternidad mía y de toda persona, situación o cosa por la que yo la ofrezca, pues su permanencia es eterna por ser dictada por Ti...

Dicha por un recién nacido, por un anciano o por quien sea, esta Oración tiene vigencia y poder a lo largo de toda la vida, tanto mía como de la persona o cosa que yo quiera, y pero si se la repite muchas veces, mejor. Pero pronunciada una sola vez es suficiente para que abarque para toda la vida y después de la muerte, por toda una eternidad.

Madre, te amo con todas las fuerzas de mi ser y con toda la claridad de mi mente. Te amo, Madre, junto a todas las flores que se abren en la tierra. Te amo junto a todos los frutos que maduran. Te amo junto a todos los ríos que corren sin detenerse. Te amo, Madre, con todas las gotas de lluvia, con todos los copos de nieve y con sus inmensos mantos que cubren los campos en algún lugar del mundo. Te amo, Madre, junto a los desiertos inhóspitos y las áridas arenas, junto a los bosques de tierras yermas. Te amo con todas las piedras de la Tierra.
Te amo, Madre, con los minúsculos átomos que forman las cosas, no sólo de esta tierra sino de todas las galaxias. Te amo, Madre, junto a todos los seres: desde los hombres hasta los animales de todo tipo y naturaleza, sin distinción ni discriminación alguna. Te amo, Madre, con cada animal que nace y con el primer vagido del niño que sale del seno materno. Te amo con toda la fuerza de los poderosos, y también con toda la debilidad de quienes nada pueden, nada tienen y nada son en apariencia. Madre, te amo por sobre todas las cosas, ahora y siempre, en todos los tiempos y por una eternidad.

Todo cuanto en esta Oración no se nombre, tiene el poder de haber sido nombrado por el solo hecho de decirla y, asimismo, el de perdonar los pecados de quien la diga y por quien la diga. Además, posee el poder de transformar para bien nuestras propias intenciones porque es dictada por Ti, Madre, y su carácter es creativo, regenerador y normalizador de lo que sea irregular, imperfecto, precario o deficiente.

Si el efecto de esta Oración no es inmediato, esto es porque el Señor así lo dispone, pero dicha con el corazón, lo que con ella se pida se cumplirá indefectiblemente.

Madre, te amo con todas mis fuerzas, como todo mi corazón, con todo mi cuerpo y con todo mi ser. Te amo junto con mis antepasados por siete generaciones, es decir, siempre.

Comprometo mi amor para los que fueron y los que serán, para que esta Oración sea universal.

Te amo, Madre, y te hago total y completa donación, dación y entrega de todos los hombres, mujeres y niños, de los que ya no están y de los que todavía no están.

Madre amorosa, gentil y extraordinaria; Madre del Consejo, de la Experiencia, del dolor y del Amor; Madre de todos mis anhelos y fervores, de todos mis desvelos, alegrías y tristezas; Madre de todos los que me aman o no; Madre de mis amigos y enemigos; Madre de los que creen o no creen en Ti.

Madre, te amo y venero, y me comprometo a extender tu devoción, hablar en tu nombre, llevarte dondequiera mi ser y mi persona vayan, no un día o dos, sino siempre. Aunque me olvide de hacer, mirar o pensar algo, te estoy llevando, Madre.

Esta Oración es para entrar en el Tercer Milenio, en el que, oh Madre amorosa, nadie queda fuera de tu consideración y cariño: nadie, desde las arenas del desierto hasta los Ángeles del Cielo, desde los ríos caudalosos hasta la gotita de agua, desde lo más encumbrado hasta lo más humilde. Todo se halla incluido en esta Oración Universal del Tercer Milenio para seguir cumpliendo en él lo que dijiste al Angel Gabriel en la aldea de Galilea: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. De esta manera, con estas palabras, se estarán ratificando la Vida, el Dolor, la Pasión, la Muerte y la Resurrección, la Ascensión, la Venida del Espíritu Santo y la formación de la Iglesia Universal.

Cada vez que alguien diga esta Oración, antes y durante el Tercer Milenio, compromete no solamente su propia persona sino también la de todos aquellos que transiten esta Tierra o cualquier ser que pueda existir en cualquier galaxia. Este es un acto de Veneración Universal hacia la Madre del Creador y constituye la Oración por excelencia de todo el Tercer Milenio, precursora de un mundo nuevo en el que todos tendrán la posibilidad de que la Misericordia del Señor los alcance sin distinciones.

Madre: te amo, te amo, te amo para siempre, por toda la eternidad. Amén.

■ Fundación Jesús de la Misericordia y Corazón Inmaculado de María  |  Aprobada por Res. 139 A - Gob.de Córdoba – Sec. De Justicia – Dir.de Ins.de Pers.Jur.  |  Dirección: 9 de Julio 1162  |  Teléfono: 03537 – 431197 - 2553  |  Justiniano Posse – (Cba.)