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Mensaje del 08 de Diciembre de 1997 (2º)

Yo quisiera poder transmitir un poquito nada más de todo lo que se siente cuando una humilde doncella se siente elegida por el Señor para que nazca de sus entrañas el Salvador del mundo.

Mensaje del 08 de Diciembre de 1997

Habla Artemio:


Ven Señor Jesús, ven Señor Jesús, ven Virgen Santa, a tus pies Señora, a tus pies Señora, a tus pies, ¡qué hermoso sería poder decir como vos dijiste: “he aquí la esclava del Señor hágase en Mí según tu palabra”!. Ven Virgen Santa, ven, supongo que tienes algún Mensaje que darnos en este día, ven, ven Señora, ven Señora, ven.

Dice Nuestra Madre, la Virgen María:


Cuánto podría decir en este día, en los Mensajes del año pasado ya dije, repetí lo que había pasado ese día cuando el Ángel viene ha anunciarme el nacimiento de Jesús.

Yo quisiera poder transmitir un poquito nada más de todo lo que se siente cuando una humilde doncella se siente elegida por el Señor para que nazca de sus entrañas el Salvador del mundo. Lo que más me gustaría es que se multiplicaran en cientos de miles las palabras que dije aquél día: “hágase en Mí según tu palabra”, pero para que eso ocurra tiene que haber no una preparación sino una actitud interior de entrega total y definitiva, esa entrega no excluye que a veces se pueda tambalear, se puede poner uno en una situación, no enojosa pero si un poco fuerte atendiendo a que cuando uno entrego todo humanamente hablando surge el problema del temor, surge el problema de no estar a la altura de lo que nos encomendaron, surge el problema humano del miedo, del temor y en este día quisiera decirles que había en mí una total disposición a la entrega, por supuesto que querida por el Señor pero todos los meses de embarazo no fueron como generalmente se imaginan porque Yo tenía en Mi Corazón muchos interrogantes como tiene cualquier mujer y no necesariamente porque espere el Hijo de Dios. Entonces quiero que hoy vean todo el aspecto humano de este acontecimiento porque si bien la aceptación fue total y definitiva: “hágase en Mí según tu palabra”, eso no significa que Mi ser haya padecido como todos los seres humanos.

Que importante sería que a Mí, la Madre del Señor me vieran más naturalmente, como una mujer, con todas las limitaciones y con todas las mediocridades y esto no solamente en el período en que esperaba a dar a luz al Jesús sino a lo largo de toda Mi vida. Yo quisiera expresar Mis dudas, Mis desconsuelos, Mis miedos, para que todo eso fuera un motivo para ver a la santidad más accesible a todas, porque normalmente se piensa de la Santidad como un estado siempre perfecto, totalmente perfecto donde no se cruza en la mente la más mínima idea de lo que podría ser las falencias humanas. Entonces, véanme como a la Madre del Señor, véanme como la Co Redentora, pero véanme como una mujer como tantas que padeció dolores, inquietudes, sinsabores.

Por eso les recomiendo que profundicen en el estudio de Mis biografías, pero no se queden solamente con eso sino pídanle al Espíritu Santo que los ilumine, que les de el discernimiento para entenderme en Mi real dimensión. Quita todo eso, algo, que soy Co Redentora con Mi Hijo o que estoy coronada como Señora y Reina en absoluto, por eso es útil que vea Mi aspecto humano, porque sino se puede cometer serios errores haciendo más general este Mensaje. Yo diría que conviene pensar en este año del Espíritu Santo y profundizar en su dimensión como si todavía nunca lo hubiéramos hecho tanto para entender un sin números de cosas que todavía no fueron entendidas.

Yo no les pido nada en especial solamente les sugiero que ahonden en todas Mis cosas, en toda Mi vida, porque por obra y gracia del Señor hay mucha riqueza, riqueza en tanto cosas humanas y riquezas también en como el Señor fue dictándome, no ideas sino vivencias sobre todo lo que pasé antes de recibir el Espíritu Santo. Por eso ahora te pido que abras la Sagrada Escritura y vas a encontrar un pasaje más que importante para entender muchas cosas, muchas cosas.

Habla Artemio:

Dios es Espíritu, aquí para comenzar el Nuevo Testamento.

Dice Jesús:

Para descubrirlo, encontrarlo, lo importante es nacer a la otra vida del Espíritu: la carne no sirve para eso, la vida eterna es nuestra vida personal injertada en la de Dios, tenemos pues que desear y buscar esta vida del Espíritu. Lo que más nos hace falta es el Espíritu con el fin de difundir en nosotros el Espíritu. Dios nos manda a Jesús, que salido de Él y señalado con su propio sello debía hablar de Dios y darlo a conocer a este enviado que es vida y luz. Dios lo designa con estas palabras: este es Mi Hijo el Amado, escúchenlo. Para significar con mayor claridad el cambio que nos pide hizo recordar por boca de los Profetas: “esta gente me honra con los labios pero su Corazón está lejos de aquí. De nada sirve esa religión porque no son más que mandatos establecidos por los hombres, quién nos convencerá de escucharlo”.

Se corta el mensaje.....................................